I can’t get no procrastination!

Alena Pons

Alena Pons

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I can’t get no procrastination!

Vale, lo admito, procrastino. A veces solo un poco, a veces una barbaridad y me hace sentir fatal. Porque si procrastino significa que soy una vaga, ¿no? Estoy perdiendo el tiempo. En vez de estar trabajando / escribiendo / estudiando, estoy viendo tutoriales por YouTube sobre un tema cualquiera u ordenando esa estantería que hace dos años que me pide a gritos que le pase el plumero. Porque soy una vaga, claro. 

No sé si nada de esto os resulta familiar, pero tiempo atrás la procrastinación era una condena doble para mí. Por un lado, el cansancio de tener que pasarme la noche en vela para completar el trabajo que no había hecho durante el día y, por el otro, la culpabilidad por haber perdido el tiempo. Ansiedad al cuadrado, vamos. 

Pero entonces leí un libro llamado Do the Work  (Steven Pressfield). En él se explica algo que es un secreto a voces: la procrastinación no es vagancia, es resistencia. No es que yo sea una vaga, no es que tenga ganas de tener ansiedad después, no es que me apetezca sacrificar mi salud a base de perder horas de sueño; lo que me pasa es que siento resistencia a hacer algo. Sé que leído así parece una obviedad como un templo, pero verlo por escrito me ayudó muchísimo. Si procrastino es que porque me resisto a hacer lo que sea que tengo que hacer. Y sabiendo esto puedo preguntarme por qué y hacer algo al respecto.

¿Me da miedo que no salga bien? ¿Sé que me resultará tedioso? ¿Siento que no estoy preparada? ¿Las tres cosas a la vez? Y, os juro que cuando tengo la respuesta, o mejor dicho, cuando me permito verbalizar el por qué de la resistencia, esta se afloja un poco. Me entra un pelín más de aire en los pulmones y eso me regala un segundo para pensar. Entonces puedo trazar un plan. A veces es ponerme una alarma y comprometerme a trabajar solo media hora. Otras, es simplemente admitir lo que siento y darme permiso para disfrutar de la procrastinación (resulta que el tutorial será útil para ese proyecto que estoy planificando y que me hace feliz ver mi estantería limpia y ordenada). A menudo, después de trabajar media hora, ya he pillado el ritmo y puedo seguir avanzando, y haber completado una tarea, aunque sea una poco importante, me da un pinchacito de motivación que me empuja. 

Entender por qué procrastinamos no es una solución milagros, no es un método infalible, pero es un paso hacia delante. Y, ¿sabéis qué? A veces, con eso basta. 

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