Last Christmas I gave you my book...

Laia Soler

Laia Soler

«Deberes para las vacaciones: pedir un libro como regalo de Navidad». Mi profesora de tercero de Primaria se convirtió en mi favorita en el instante en que escribió aquello en la pizarra. Aún no me había picado el gusanillo de la lectura, pero… ¡tenía como deberes pedir un regalo!

 

Por aquel entonces, solía ir a la biblioteca todas las semanas, pero solo tomábamos prestados álbumes infantiles y poco más. Mi profesora, sin embargo, había sido específica: debía ser un «libro de mayores», un libro que tuviera más letra que dibujos. Nos recomendó la colección de El Barco de Vapor, así que eso fue lo único que escribí en mi lista.

 

Recuerdo la decepción que sentí al ver el libro que me había cagado el Caga Tió. Se trataba de El sarau dels telèfons (Enric Gomà) y en la portada había muchos números de colores con caras junto a algo parecido a una fábrica. No me pareció nada interesante, pero los deberes incluían empezar a leer el libro, así que me puse a ello y… mi vida cambió para siempre.

 

Soy consciente de lo exagerado que suena, pero es lo que sucedió. La novela hablaba de cómo los números de teléfonos, hartos de estar encerrados en guías telefónicas, decidían rebelarse y salir a vivir aventuras. Gracias a ella descubrí un universo donde todo, incluido algo tan rocambolesco y sinsentido como aquello, era posible. Me zampé la historia de una sentada, y descubrí que había mundo más allá de los álbumes con dibujos que cogíamos prestados de la biblioteca.

 

¿Cómo no va a cambiar tu vida cuando descubres que hay un mundo diferente por descubrir dentro de cada libro

 

Han pasado más de veinte años desde entonces y aún guardo Els sarau dels telèfons como un tesoro. Fue el libro que hizo que me enamorara de la lectura, y uno de los mejores regalos que me han hecho nunca. Por eso, tal vez, me gusta tanto regalar libros (y también que me los regalen, por supuesto, aunque mis estanterías no lo agradezcan como yo). Regalar un libro puede ser un acto banal cuando elegimos el primero que vemos (el último superventas o una recomendación desganada), pero también puede ser un acto extremadamente íntimo. Cuando no regalamos un libro no entregamos solo algo físico; también puede ser una invitación a compartir algo que te ha fascinado, una mano tendida si regalamos palabras que sirven de refugio, una confesión que revela algo íntimo de nosotros mismos. Es invitar a compartir, y esa es una de las máximas expresiones del amor.

 

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