El cumpleaños
lector

Andrea Izquierdo

Andrea Izquierdo

Red rose inside an open book with the flower head outside

Para quien escribe, prácticamente todos los días son iguales: sentarse frente al ordenador y teclear frases con más o menos sentido, siempre que el síndrome del impostor lo permita. Algunos tienen una chispa de emoción, como el momento en el que decides arrancar una novela, escribir esas primeras palabras llenas de nervios y buenas esperanzas. Otros, se hacen un poco cuesta arriba: a nadie le gusta escribir cuando está profundamente cansado o ha recibido una mala noticia en lo personal o profesional. Sin embargo, hay un día al año que lo cambia todo y que personalmente me gusta llamar «el cumpleaños del lector»: el 23 de abril, Día Mundial del Libro.

Aunque tampoco nos vamos a engañar. Como autora, tengo que reconocer que también es una jornada un tanto melancólica. Un día para echar la vista atrás a los últimos años, de plantearse si estarás tomando el camino correcto («escritorilmente» hablando), de darte cuenta de lo complicado que es llamar la atención de un lector entre miles y miles de portadas de colores en una librería. Pero, por lo menos a mí, me da el chute de energía que muchas veces necesito para seguir adelante.

El Día del Libro es mucho más que el mejor momento para que la gente compre tu novela, aprovechando los descuentos. Se trata de unas horas en las que se congela todo lo demás y nos ponemos de acuerdo para tener un tema de conversación común: las letras. Niños, jóvenes, adultos y ancianos salen a la calle en busca de su match literario ideal con un millón de preguntas en la cabeza: «¿Le gustará si se lo regalo a Marta?», «¿Es una trilogía?», «¿Y si me compro uno más? Total, un día es un día». Y vuelven a casa felices, aunque en la mesilla de noche les esperen más de diez libros en la pila de pendientes.

Cada 23 de abril, me gusta pensar que tengo una especie de botellita en mi cabeza donde guardo una pizca de ese espíritu lector que nos une en las calles, para que, cuando esté desmotivada, o me entren las dudas, pueda recordar por qué escribo.

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