Don't stop believin'

Andrea Izquierdo

Andrea Izquierdo

¿Por qué te trabajas en el sector editorial si has estudiado Derecho y Administración de Empresas?

La primera vez que me hicieron esa pregunta no supe qué responder. Ni siquiera yo misma me había fijado en que, a primera vista, no tenía mucha lógica. Y, de un día para otro, me encontré frente a una crisis de identidad profesional muy grande. 

Enseguida, en mi cabeza surgió un torrente de preguntas que se retroalimentaban: ¿Por qué no me dedicaba a ser abogada o economista? ¿Sería mi formación suficiente para trabajar en el sector editorial Y la más importante de todas: ¿mi pasión por la lectura me estaba haciendo confundir mi vocación profesional con mi mayor hobby?

No os voy a mentir, enfrentarse a estas preguntas no es fácil y da mucho miedo. Mientras a tu alrededor la gente está opositando o preparando un máster sobre finanzas, asusta pensar que te quieres dedicar a algo diferente a aquello en que has invertido seis años de tu vida. Por eso me obsesioné con encontrar el límite entre lo que yo consideraba un trabajo estable con perspectivas futuras y un entretenimiento, para después, saber en qué lado de la línea me encontraba. 

Todos mis compañeros, después de su trabajo de nueve a seis, tenían un hobby. Algunos jugaban al pádel, otros se iban al cine todos los miércoles y viernes. Así que asumí que debería hacer lo mismo que ellos: buscar un trabajo de oficina y, el resto del tiempo, dedicarme a leer y escribir. Mandé muchos, muchos mails y activé las notificaciones para enterarme al instante de la respuesta.

Ahora que han pasado varios años, no sabéis lo que me alegro de que no me cogieran en ninguno de esos trabajos. Recuerdo con especial vergüenza mi enfado cuando, en un bufete de abogados, me exigían un 8,5 de nota media, la cual no alcancé al terminar la carrera. Recuerdo también el mail que les mandé explicándoles que tenía muchas ganas aunque no llegara a la nota y que, “por favor, me consideraran como candidata”. Sobra decir que ni siquiera me respondieron. A día de hoy doy las gracias, y espero que esa persona no lo recuerde tanto como lo hago yo.

Hacer de tu hobby una profesión no es difícil. Lo realmente complicado es establecer el límite entre entretenimiento y pasión. Eso sí, una vez lo encuentras, te cambia la vida.

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